Verónica Ayala

La postura del Presidente Andrés Manuel López Obrador respecto a la participación del Ejército en labores de seguridad ha cambiado radicalmente. De quererlos lejos de las calles, les ha dado múltiples actividades, más poder y, quizá, el mando de la Guardia Nacional.

Como opositor y candidato presidencial, Amlo fue crítico del Gobierno en turno y pugnó para que se retirara a los militares de las calles, como planteó en sus campañas.

“Tenemos que ir sacando al Ejército de las calles, el Ejército no está preparado para esta función, es otro su encargo: defender la soberanía nacional”, manifestó el 6 de febrero del 2012.

Tras perder la elección del 2012, en la que prometió regresar al Ejército a los cuarteles en un plazo de 6 meses, Amlo mantuvo su postura en contra de que los militares intervinieran en la seguridad.

“Es perverso que los potentados utilicen al ejército para enfrentar el problema de la inseguridad que ellos crearon por dedicarse a saquear”, publicó en su cuenta de Twitter el 19 de febrero del 2013.

Pero luego de conseguir la Presidencia en 2018, lejos de limitar su actuación creó una Guardia Nacional, conformada inicialmente por militares, pero con mando civil.

Y le ha asignado al Ejército cada vez nuevas y mayores tareas, más allá del tema de seguridad. Ahora, su Gobierno impulsa una reforma para que la Guardia Nacional deje la Secretaría de Seguridad y se incorpore a la Secretaría de la Defensa (Sedena).

La propuesta ha recibido fuertes críticas de la oposición, especialistas y organizaciones, que advierten la militarización de la seguridad pública.Y el colectivo “Seguridad Sin Guerra” llama a las fuerzas políticas a rechazar cualquier intento de reforma y, por el contrario, acotar a las fuerzas armadas, ante el riesgo de violaciones de derechos humanos.

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