ARTURO ESPINOSA

El regreso a clases ya fue decretado por Andrés López Obrador, Presidente de México.

El pasado 24 de julio, en una gira por Veracruz, aseguró que el regreso a las aulas se hará el 30 de agosto, aunque “llueva truene o relampaguee”.

“Vamos a iniciar el nuevo ciclo escolar a finales de agosto, llueva, truene o relampaguee. No vamos a mantener las escuelas cerradas. Ya fue bastante”, aseguró en su gira por ese estado en un evento de programas sociales.

Dos días antes, en su conferencia matutina, justificó la decisión del regreso a clases al considerar que ya no es posible tener a los niños encerrados en sus casas, debido a que muchos dependen únicamente de los dispositivos electrónicos y sus contenidos, a los cuales se refirió como información tóxica.

Sin embargo, un detallito.  La realidad no es la que piensa el presidente.

Según una encuesta de El Financiero, la mayoría de los habitantes de la Ciudad de México están en desacuerdo con el regreso presencial a clases, por considerar que la pandemia no está terminada y no hay que bajar la guardia.

No es para menos, este miércoles  la Secretaría de Salud reportó 2 millones 790 mil 874 casos acumulados de Covid-19, 19 mil 020,  la cifra más alta desde que comenzó la pandemia.

Ante la posibilidad de vacunar a los menores de edad, López Obrador contestó que no piensa hacer negocio con las vacunas.

“Las farmacéuticas quieren hacer negocio y quisieran estar vendiendo siempre vacunas para todos, pero tenemos que priorizar, tenemos que saber si se requieren, no se requieren, o sea, no estar sometidos, sujetos, subordinados, a que las farmacéuticas sean las que nos digan”, fue su respuesta.

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Y algo más: en muchas entidades, los inmuebles se encuentran en mal estado por estar abandonadas durante poco más de un año. 

A ver si la lluvia, truenos y relámpagos no causan la tormenta perfecta en el supuesto regreso a clases.

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