Como si fuera una película de ciencia ficción, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) utiliza todas las herramientas que puede para cobrar más impuestos a los contribuyentes cautivos y la Miscelánea Fiscal se los permitirá.

A partir del 2022, la dependencia podrá hacer uso de cualquier herramienta tecnológica, incluidos los drones, para verificar los domicilios fiscales proporcionados por los contribuyentes. Si la autoridad considera necesario podrá utilizar geolocalización e imágenes satelitales.

Y mientras los ojos vigilan, las manos del SAT crecen. Con la nueva normatividad, que aún debe aprobar el Senado, los jóvenes mayores de 18 años tendrán la obligación de inscribirse en el Registro Federal de Contribuyentes. Si incurren en una discrepancia fiscal podrán ser sancionados hasta con cárcel.

Los bancos tendrán la obligación de informar a la autoridad fiscal mensualmente sobre depósitos en efectivo mayores a 15 mil pesos que reciban los contribuyentes.

También fueron limitadas los donativos que dan las personas físicas a las organizaciones de la sociedad civil y hacerlas deducibles de impuestos. Esto pondría en riesgo a 5 mil 100 sociedades de este tipo de las 40 mil existentes en México.

De hecho, al Presidente de México, Andrés López Obrador, se niega a devolver impuestos a los grandes contribuyentes.

“No estamos de acuerdo con la devolución de impuestos: cómo se le va a devolver el impuesto a una gran empresa bajo el supuesto de que ellos van a invertir en beneficio de la gente, en obras sociales, en filantropía, en fomento a la cultura. No. Ésa no es la función de las empresas”, dijo en la conferencia matutina del pasado martes 19 de enero. 

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Y hay más:  través de cartas intimidatorias, el SAT amenaza con «molestias futuras» a empresas que pagan impuestos por debajo de la «tasa efectiva» que registra la actividad que desempeñan, según los parámetros de esa autoridad.

Y discretamente, la Miscelánea Fiscal prevé un aumento en el precio de los pasaportes de entre 8 y 23.5 por ciento y una alza a la entrada de los museos del país.

La estrategia es clara: es necesario más dinero para las ocurrencias del gobierno en turno.

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