ARTURO ESPINOSA

El banco creado por el Gobierno Federal tiene de todo menos bienestar: sigue estrenando sucursales, pero arrastra una alta tasa de morosidad y se necesita mucho dinero para la operación; con todo eso quiere competir con la banca privada.

De acuerdo con datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), la cartera vencida del Banco del Bienestar ha ido en incremento desde el año pasado: en diciembre del 2020 cerró con 516 millones de pesos; en mayo ascendió a 530 millones de pesos, y en junio en 531 millones de pesos.

Esto significa que el índice de morosidad de la cartera total haya pasado de 7.57 por ciento a 19.93 por ciento, un incremento de 12.36 puntos porcentuales en un año.

En comparación, el índice de morosidad de la cartera de bancos privados se ubicó en 15.09 por ciento, cuando el año pasado fue de sólo 2.70 por ciento, nivel acorde a los indicadores de la industria financiera privada.

De hecho, por ese índice de morosidad, desde agosto de este año dejó de otorgar créditos.

Pierden, pero gastan: se invertirán en las 2 mil 700 sucursales 11 mil 500 millones de pesos y su operación costará 6 mil 750 millones de manera anual. Cada sucursal cuesta 2 millones 221 mil 890 pesos, reportó la Secretaría de la Defensa Nacional, encargada de construirlos.

Y a pesar de su ineficiencia, el pasado 29 de septiembre, el Presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que la expansión del Banco del Bienestar no sólo busca la dispersión de entre 350 y 600 mil millones de pesos para programas de Bienestar, sino también el manejo de las remesas enviadas desde Estados Unidos y hasta el pago de la nómina federal.

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Para no variar quiere meter a los Siervos de la Nación, estructura política de Morena y el gobierno, para crear un comité por cada banco y sesionar una vez a la semana para evaluar el funcionamiento de las sucursales.

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