Pilar Sánchez

Hablan con desprecio del lujo, pero cómo lo disfrutan. Una de las más grandes contradicciones de la 4T es que, en los actos, niegan la austeridad que predica el Presidente. Son los colaboradores de la 4T que sacan la opulencia en plena austeridad.

El escándalo alcanzó a Santiago Nieto, ex titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, quien renunció tras críticas por realizar su boda con la consejera del INE, Carla Humphrey en Guatemala. 

Sin embargo, no es ni la primera boda que contradice la “austeridad republicana” ni el primero de los seguidores de la 4T que se deja seducir por el lujo y la opulencia. 

Cesar Yáñez, quien fuera coordinador de comunicación en la campaña presidencial de Andrés López, se casó en 2018 con la empresaria Dulce Silva. El enlace contó con más de 600 invitados y 19 páginas en la revista HOLA donde solían aparecer Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera. 

Otra fiesta que nada tuvo de austera fueron los XV de la hija del alcalde de Fresnillo, Zacatecas, Saul Monreal Ávila, hermano del senador Ricardo Monreal. Dicha fiesta fue cuestionada por tener un costo de 70 mil dólares que supuestamente salieron del erario. 

Las fiestas no son el único gusto fifí de la 4T, la Fórmula 1 también los ha atraído. Tal es el caso de Mario Delgado, presidente de Morena, y Antonio Attolini, simpatizante. El primero fue capturado el pasado domingo en el evento y el segundo en 2019. Los boletos de la F1 se vendieron hasta en 120 mil pesos para el paddock club. 

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Los viajes también son debilidad de algunos, como en el caso de Marcelo Ebrard, quien se auto exilió en Francia en 2015 luego de señalamientos por la construcción de la Línea 12 del metro.Dos años después regresó a México para participar en la campaña electoral de Andrés Manuel. Luego fue señalado por poseer un reloj Rolex. 

A quien también le gusta hacerse el chico de mundo es al hijo del propio Presidente, José Ramón López Beltran, quien junto a su esposa Carolyn Adams, realiza vacaciones en por ejemplo, Aspen, Colorado un destino nada barato. 

El gusto por los objetos de lujo también alcanzó a Yeidckol Polevsky, expresidenta del partido en el poder, quien es simpatizante del comunismo y defensora de la Revolución Cubana y a la que no le incomoda comprar marcas de lujo. 

Finalmente, cómo olvidar el día que secretarios de estado como Rocío Nahle, arribaron en 2020 a Palacio Nacional en camionetas de lujo, de esas “machuchonas” que tampoco le gustan al presidente.

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