En 2008 era maestra en una escuela bilingüe. Mis hijas estaban en esa escuela, la mayor en primero de primaria y la menor en primero de preescolar. Llevaba 12 años trabajando ahí; era mi último año, iba a renunciar para dedicarme a dar conferencias. 

Un día me enteré que la directora de preescolar le había puesto un babero a mi hija de 5 años y que le había dicho: “si actúas como bebé, entonces vas a usar un babero de bebé”.

Cuando me enteré sentí una mezcla de ira y ansiedad que fue creciendo rápidamente. Quería ir con la directora de preescolar para expresar mi molestia. ¡Estaba furiosa! A mi hija la habían hecho sentir vergüenza usando un babero todo el día frente a sus compañeros del salón. La directora usaba la vergüenza como método de control del comportamiento y eso es antipedagógico, la vergüenza es una emoción perturbadora y demoledora para la autoestima.

Iba caminando hacia la oficina de la directora, cuando me encontré a una maestra de la primaria, me saludó y me preguntó a dónde iba. Le conté y me dijo: “no hagas escándalo, este es tu último año aquí, mejor sal de esta escuela bien, sin problemas, sin quedar mal con nadie”.

Le hice caso y me quedé callada. Después me arrepentí por no haber hecho valer mi derecho a quejarme.

Desde pequeñas nos van enseñando a reprimir nuestras emociones y a quedarnos calladas.

Los mayores nos decían: “calladita te ves más bonita, las niñas bonitas no se enojan”. Y entonces por miedo al rechazo de la sociedad aprendimos a quedarnos calladas ante las injusticias, aprendimos a no alzar la voz, a reprimir la ira, a ser sumisas, a aceptar lo que no debemos aceptar, a agachar la cabeza porque expresar la rabia es mal visto.

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Desde 2018 he estado opinando mucho en Twitter. Mis amigas no entienden para qué y me preguntan: “¿y qué vas a cambiar, Denise?”.

Yo les respondo: “no sé, pero al menos estoy ejerciendo mi derecho a manifestar mi desacuerdo y mi indignación”.

La indignación es un sentimiento de ira ante la injusticia y para mí es injusto que los niños con cáncer no tengan medicamentos, es injusto que el gobierno haya eliminado el FONDEN, el Seguro Popular, los albergues para mujeres víctimas de violencia, las guarderías para hijos de mujeres que trabajan. También me indigna que el Jefe de Estado nos llame hipócritas “aspiracionistas” y ladinos a los que con mucho trabajo hemos logrado salir de la pobreza. 

Ya no estoy dispuesta a quedarme callada, pues si acepto pasivamente la injusticia, estoy admitiendo que así merezco ser tratada. El silencio obsecuente de los ciudadanos no hace más que avalar la conducta abusiva de los gobernantes. Eso pasó en Cuba y Venezuela, y cuando los ciudadanos decidieron manifestarse, el gobierno ya tenía demasiado poder y los ciudadanos habían perdido todos sus derechos. 

En México aún estamos a tiempo de exigir respeto, aún estamos a tiempo de defender nuestra democracia, aún estamos a tiempo de manifestar nuestra inconformidad y a  no aceptar lo que no debemos aceptar, a no minimizar o justificar las injusticias, a no agachar la cabeza. 

Atrévete a ser un ciudadano que exige respeto, que no quiere ver sus derechos pisoteados, que no quiere perder su libertad, que no quiere doblegarse; un ser humano que protege a su país. Atrévete a cuestionar, a exigir y a exhibir a los que nos quieren sumisos.

 ¡Calladitos no nos vemos más bonitos!

#OPINAenDICES