En el libro del mismo nombre el economista Francis Fukuyama propone una tesis simple: La prosperidad de las naciones tiene como base la confianza y flexibilidad entre los individuos a la hora de tratar negocios formales e informales.

En casos como Japón, Alemania y Estados Unidos la confianza se basa en los méritos y la habilidad de los individuos para demostrar lealtad y fortalecer los lazos sociales y como fundamento de la interacción entre los participantes se vuelve la base para realizar negocios de manera sencilla, sin tantas garantías y como axioma de desarrollo social.

Sin confianza deben existir árbitros que estudien y garanticen las bases en las que se fundamenta la relación de negocios. Por tradición el árbitro que se encarga de poner reglas y vigilar que éstas se cumplan es el gobierno.

Pero ¿qué pasa cuando un Gobierno pierde la credibilidad de sus actos y por lo tanto la confianza?

Los meses recientes han traído una creciente incredulidad por parte de Gobierno con respecto a sus palabras y actos.

La confianza ha sido quebrantada.

Un Gobierno que simula encuestas y datos, que simula padrones para cancelar proyectos y que recorta el presupuesto de programas prioritarios sin revisar las necesidades de cada uno.

¿Cómo se puede creer cuando se separa a la gente en dos bandos de manera reiterada, cuando se crean sobrenombres y se utilizan como recordatorios de la existencia de dos clases claramente definidas en eterno conflicto?

¿Cómo se promueve la confianza cuando el Presidente se presenta todos los días creando datos e inventando historias, negando la realidad y cambiando de opinión según le sea conveniente, descalificando instituciones y creando una farsa de solicitar disculpas?

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Cuando el de por sí problemático sistema de salud es utilizado como vaca lechera, desviando sus recursos en detrimento de la población y de las clases más necesitadas.

Cuando la libertad de expresión es atacada de manera escalonada ridiculizando a los periodistas que se atreven a cuestionar las políticas oficiales de la cuarta deformación.

La confianza se rompe completamente cuando se crean partidas secretas y se declara legal realizar subejercicios en los presupuestos.

De acuerdo con Fukuyama, México está tomando pasos agigantados en reversa para el desarrollo de sus instituciones, la confianza para hacer negocios y desarrollarse económicamente se ha perdido casi en su totalidad y es culpa casi enteramente de un Gobierno que se ha encargado de destruir la credibilidad y no sólo en sí mismo; nos ha obligado a dejar de creer en nosotros mismos, en nuestros jefes y vecinos.

La confianza en México ha muerto y no ha sido por muerte natural.

La confianza ha sido asesinada de forma brutal.

Una víctima más de la inseguridad, de la negligencia, ineptitud, compadrazgo, la corrupción… todos ellos, problemas que la gente buscó erradicar con la elección de la 4T y que se han agravado.

La confianza ha muerto como víctima del Gobierno y por el exceso infundado de confianza en sí mismo.

#OPINAenDICES