El discurso sin fundamento destruye el conocimiento; es un riesgo tomar decisiones sobre políticas públicas sin criterios técnicos, por ello se debe respetar la experiencia de especialistas para evitar terribles consecuencias, y más cuando se gobierna un país, expone José Ignacio Rasso.

El empresario y columnista expone que la palabra es creadora, y los acentos mal puestos destruyen, como decir que extraer petróleo era tan solo meter un popote al fondo de mar, o que hacer una carretera pública no era la gran cosa.

Son palabras que destruyen el conocimiento adquirido por generaciones y la posibilidad de tomar decisiones fundamentadas.

“Estas frases esconden en el fondo el desprecio a lo técnico, al conocimiento, al esfuerzo y a la dedicación de especialistas”, afirma.

Rasso agrega que ese es el riesgo latente para llevar a cabo políticas públicas o tomar decisiones sin criterios técnicos y con terribles consecuencias; por ejemplo, menospreciar la logística y estructura para abastecer de medicamentos al país.

Decisiones que, dice, han tenido no sólo consecuencias mediáticas y políticas, sino la pérdida de vidas.

“Pero en la sociedad tampoco somos inmunes. No somos inmunes a caer en los mismos errores, a decidir bajo los mismos parámetros de muchos de los actores políticos”, comenta.

El empresario expresa que habrá que tener mucho más cuidado cuando decimos algo, a quién leemos, cómo cuestionamos y, sobre todo, bajo qué argumentos especializados tomamos nuestras decisiones.

“Cuidemos el esfuerzo y el conocimiento de los otros, sean de tendencia de izquierda o de derecha. Respetemos a los que sí saben y que no sea el resentimiento, la ignorancia y la poca capacidad de autocrítica, el miedo a parecer vulnerable o los arrebatos los que guíen nuestras decisiones, sobre todo si tienes personas a tu cargo, seguidores o, en caso extremo, si gobiernas un país”, sostiene Rasso.

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