El Presidente López Obrador tiene un discurso bien armado para cada situación: inundaciones, vacunación, transparencia, Trump… sin embargo, los hechos terminan por contraponer el mensaje, refiere Avi Borges.
La asesora política y creadora de contenidos digitales ejemplifica los choques discursivos con distintas circunstancias.
Así las desarrolla:

  • No se dice primero los pobres; se dice: primero las zonas que me den más votos.
  • No se dice no voy a zonas inundadas porque no necesito una foto; se dice: yo sólo voy a donde me aplauden.
  • No se dice soy liberal y la Biblia lo dice; se dice: el Presidente es un auténtico conservador que cita la Biblia.
  • No se dice la transparencia es la regla de oro en la democracia; se dice: en prácticamente todas las dependencias hay opacidad, irregularidades, adjudicaciones directas y desfalco.
  • No se dice México no puede reconocer a ningún gobierno extranjero que no está legal y legítimamente constituido; se dice: a López le da miedo Trump.
  • No se dice la mal llamada 4T es feminista; se dice: los diputados de Morena y sus aliados recortaron 2,600 millones de pesos a programas contra la violencia de género y proigualdad.
  • No se dice, estamos resolviendo el desabasto de vacunas; se dice: el gobierno de Andrés Manuel compró 56% menos vacunas que el año pasado.
  • No se dice, estamos acabando con la corrupción; se dice: Alejandro Esquer, secretario particular del Presidente, contrató a empresas fantasma durante la campaña de 2018… y no fue el único, Jesús Ramírez Cuevas, coordinador general de Comunicación de la Presidencia, también.
  • Pero pareciera que la secretaria de la Función Pública no ve, no escucha y no denuncia.