Los cambios rara vez son aceptados y se enfrentan a la resistencia de los que navegaban en el status quo”. Ese es el discurso que Andrés López imprime en sus comentarios para justificar los ataques; sin embargo, es importante dejar claro que no todos los cambios son positivos y esa es la parte que omite diariamente.

Andrés ha desgastado su discurso de “ellos contra nosotros” y lleva a su público hacia espirales cada vez más complejas para justificar su incongruencia, pero sigue teniendo una base y eso es lo que las elecciones del domingo mostraron.

La gente todavía no logra desencantarse ni con su falta de resultados ni con su incalculable cantidad de mentiras, pero sus votantes se redujeron drásticamente.

Ya no es lo omnipresente que era en el 18; muchos de sus impresentables candidatos ya sufrieron una muy cercana competencia y otros ya se quedaron en el olvido, “todo morena” ya no está en la mente de sus seguidores.

Los comicios fueron un triunfo de la democracia, la CDMX empezó a desmarcarse de la miseria que acarreó la muerte de 26 personas de la Línea 12 hace un mes y logró ver que sí hay otra alternativa. La Cámara de Diputados sigue estando en su control, pero la aplanadora se quedó sin gasolina, lo que lo obligará a convencer, negociar o desembolsar para alcanzar sus metas; algunos estados decidieron probar suerte con los guindas y el tiempo dirá si fue una mala o una pésima idea.

El INE demostró legitimidad ante una amenaza y el desprestigio basado en un público que le cree cada vez menos debido a los constantes ataques.

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Por parte de la ciudadanía vimos un incremento considerable en la participación e interés, esta coyuntura enseñó a muchos que la política no es algo que debe ser aprovechado por unos pocos y sufrido por los demás, que la participación es importante y es necesario recordar que el voto no es el final de la democracia, es el inicio.

No debemos seguir pensando en el “mito de los 30 millones”, ya quedó más que obvio que López no cuenta ya con esa cantidad, pero lo más importante es que ya no tiene esas voluntades legitimando sus ocurrencias.

Debemos recordarle a los diputados que ni los partidos ni el Ejecutivo son sus “jefes”, que ellos llegaron por el voto popular y es a nosotros a quien nos deben cuentas, dejar de ver la política como el partido de futbol en que gana un partido debido a nuestras porras, sino como la oficina que existe para buscar soluciones a nuestras necesidades. Por último, que la vigilancia es constante, demostremos a todos los partidos que no se votó por ellos sólo para sacar a otros, ni se les entregó un cheque en blanco, sino que serán objetivo de nuestro escrutinio y exigencia constante. Que están ahí para servir a su país, no a sus intereses y nos toca recordarles cada día de su jornada que este es un gran país no por las inacciones de los políticos, sino a pesar de ellas, que el cambio positivo sigue siendo necesario y que el ganador siempre debe de ser México.

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