El voto es libre, secreto y también pasajero.

Quiero contarles que en 2012 voté por Peña, no me enorgullece; sin embargo en su momento, aunque no esperaba mucho del presidente de las telenovelas, al menos creía que mantendría el país como hasta entonces.

Fue rápido que Enrique sacó toda su garra del PRI y que tanto la corrupción como la inflación dieron un paso para arriba; los gasolinazos y una reforma que, aunque era necesaria, hacía más para proteger robos que para tratar de rescatar a Pemex.

Obviamente, aunque había contado con mi voto, si lo hubiera podido retirar lo habría hecho.

¿Haber votado por él me obligaba a defenderlo?

Claramente NO.

¿Haber votado por él hacía que representara fielmente mis ideas?

Menos.

Hoy pasa lo mismo.

Mucha gente votó por Andrés López por castigo al “PRIAN”, porque tenían la creencia que ayudaría a los pobres o porque ya tocaba otro, pero haber votado por él no hace que esa voluntad eje18rcida por decisión individual y completamente utilitarista fuera eterna.

Es el mito de los 30 millones.

3 años después de las elecciones sus seguidores presionan con el hecho de que millones votaron por él y debido a ello habla por todos los mexicanos.

Falso.

Hay que hablar de la tiranía de las mayorías relativas.

El padrón electoral en 2018 era de 87,133,000 mexicanos, de esos sólo votaron 54,975,188 lo que equivale al 63% del padrón, por lo que, aunque 30 millones le dieron el gane con 52%, realmente es menos significativo de lo que parece, ya que sólo es el 34.6% del padrón y solo 23.5% de la población.

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30 millones no es mayoría, es de hecho, una minoría rapaz y legitimada por un incidente coyuntural.

El otro punto es aún más importante: Ayer decidí votar por Peña, hoy no lo haría.

La decisión completamente personal de cada uno de sus votantes fue en el momento en que emitieron el sufragio, ningún Presidente carga con los votos y es por eso que después de las elecciones el Ejecutivo jura lealtad y obediencia a la Constitución y al pueblo de México.

¿Por qué lo hace? Porque no es un rey, ni siquiera es un verdadero representante, ya que el sistema permite que por un accidente temporal obtenga más votos que sus contrincantes aunque no los represente, por eso es que se utiliza el único recurso que le queda a la gente honorable, se le hace jurar que representará correctamente a toda la gente y a la ley.

Se vale cuestionarlo, el voto no vendió tu alma. Y dentro de esos cuestionamientos viene la rendición de cuentas, tú votaste por él, te debe resultados y eres la persona más idónea para exigirlos.

Hoy él sólo trabaja para mantener su imagen. Sigue pensando que su popularidad actual o pasada le generan legitimidad, quiere hacer creer que aprobación es capacidad y eso es falso.Es más que claro que sus deseos no son lo que México necesita y aunque pague por que aparezca que tiene el 100% de aprobación eso tampoco lo legitimaría. Él juró respetar la ley y no hay ninguna consulta, encuesta o votación que lo faculten para romperla.