La corrupción de la familia presidencial, la crisis económica, la pandemia por covid mal manejada, la militarización del país, el ataque a la ciudad civil, el mayoriteo legislativo, el aplastamiento y la descalificación de los opositores desde el púlpito presidencial son síntomas de una enfermedad verdaderamente preocupante  y grave: el desmantelamiento de la democracia, señala Oswaldo Ríos.  

El analista repasa la historia democrática de México: “comenzó a partir de 1968 la construcción de una democracia social, luego con la reforma electoral de 1977, los cambios institucionales y legales que llevan finalmente a la pérdida del poder del partido hegemónico en su mayoría legislativa en 1987 y finalmente la alternancia en el poder presidencial en el año 2000”. 

Para Ríos, estos momentos no trajeron la prometida aurora democrática, sino que permitieron que nuestro proceso de consolidación democrática naufragara entre la ineptitud, la parálisis y la corrupción y que ello generará las condiciones óptimas para el surgimiento electoral, un triunfo inobjetable de un demagogo que prometiendo la ruptura con las viejas prácticas políticas no hizo sino perpetuarlas, perfeccionarlas y volverse en un populista autoritario.

“Finalmente todos los problemas que agitan al país y que hacen que la sociedad civil se organice en diferentes causas y levanté diferentes banderas en contra de un poder presidencial que no oye y no escucha a quienes tienen necesidad, dolor evitable. Estamos actuando de forma fragmentada ante un poder omnímodo, omnipresente y omnipotente que cada vez es más represivo y violento. Este es el momento de actuar unificadamente, de nada nos sirve actuar fragmentariamente, no actuemos por separado si al final van a derrotarnos juntos, defendamos la democracia”, concluye.

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