El Presidente se declara cristiano. No tiene nada de malo, pero es cuestionable mezclar la política con la religión y tratar de imponer una visión del mundo con base en principios conservadores y no en las políticas públicas que el Estado debería decidir, cuestiona Manuel Díaz.

El empresario y columnista relata que finalmente Andrés Manuel López Obrador acepta lo que era una verdad conocida: se le veía rezar, predicar y orar con su pastor antes de la mañanera.

“Se sabía que era conservador, pero no a tal grado; es muy respetable practicar una religión, lo que no es respetable es mezclar la política con la religión; es decir, tu propia moral tratar de meterla en una política pública inexistente”, expone.

Díaz explica que por ello ahora se entiende el militarismo en el país, los ataques a las mujeres o las políticas públicas que nada tienen que ver con la ecología o la ciencia.

Esta creencia antigua, anota, está fundamentada en principios globales de los norteamericanos.

“Por eso se lleva tan bien con Trump y con Bolsonaro, porque son creencias conservadoras; por eso golpea a los migrantes y no le importa, y por eso deja muchas de las decisiones al ´Dios dirá´ y no importa si mueren niños por desabasto, porque al final hay una divinidad que decide sobre todo y las políticas públicas no inciden directamente en los seres humanos”, asegura el empresario.

Díaz refiere que el conservadurismo de AMLO tiene muchos años y ahora, como Presidente, trata de imponer una visión del mundo con base en esos principios y no en las políticas públicas que el Estado debería decidir.

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“¿No será correcto separar la iglesia del Estado de una buena vez y que el Presidente retome un camino institucional y un camino de la ciencia y del progreso?”, cuestiona.

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