El 15 de septiembre celebramos nuestra independencia, pero ¿En verdad México está para celebrar y para dar el grito?, Cuestiona José Ignacio Rasso. 

El economista retoma «as inundaciones de Tula, por sí solas, son un  grito. O los miles de muertos durante la pandemia son un grito para quitar a López Gatell. O las operaciones fraudulentas de los gobiernos anteriores son un grito contra la impunidad». 

«La  corrupción no es un secreto a voces, es un grito. Las reuniones de los senadores del pan con Vox o la invitación de Díaz-Canel a las fiestas patrias, son un grito contra la libertad y la democracia. 

«El juego de sillas que tienen el PRI y Morena en el congreso son un grito contra el voto ciudadano. El trueque de puestos y gobernadores de oposición es un lamentable grito. El crecimiento en la pobreza es un profundo grito contra el gobierno y contra la sociedad. La militarización del país es un grito y lo seguirá siendo por los sexenios que vienen», continúa Rasso. 

Pero entre tantos gritos hay voces claras que también vale la pena festejar y son las voces de millones de mujeres que han luchado contra la despenalización del aborto y que hoy tienen toda la razón de alzar la voz hacer sonar las campanas y dar el grito, concluye José Ignacio Rasso.

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