Los Pandora Papers han revelado una nueva faceta del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. El de la corrupción buena, la corrupción legítima, la corrupción que cuando es cometida por funcionarios o personajes afines al régimen morenista, desde la presidencia de la República reciben justificaciones y trato preferencial, señala Oswaldo Ríos. 

El analista destaca “Eso explica perfectamente por qué nuestro país hoy ocupa el lugar 124 entre 180 naciones según el Índice Mundial de Corrupción que elabora Transparencia Internacional. Esta práctica de offshores no necesariamente es ilegal o delictiva, pero sin duda permite presuponer una defraudación o evasión fiscal y notoriamente una actitud antipatriotica, sí, en el gobierno que presume ser profundamente nacionalista.”

“Esta conducta además es una simulación porque a través de las cónyuges permite disfrazar el patrimonio que francamente es inexplicable como en el caso de Manuel Bartlett que en sociedad con su pareja sentimental acumula decenas de propiedades que simplemente resultan inexplicables porque toda su vida ha sido un funcionario público” 

Ríos continúa: “de esta manera el gobierno que presume austeridad y demagógicamente promete primero los pobres está plagado de burgueses afectos y adictos a acumular propiedades, inmuebles, casas, departamentos, terrenos que le gustan tanto los relojes caros como los Rolex o que es tan proclive a adquirir ropa y bolsas de marca exclusivas y millonarias.”

“Queda claro que el gobierno de López Obrador ha inaugurado la etapa de la corrupción buena, la corrupción legitima, la corrupción verdaderamente de izquierdas, esta izquierda caviar que se da una vida de riqueza mientras logra triunfos electorales prometiendo el paraíso para los más pobres”, concluye.

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