Una persona se para frente a una multitud, sabe que lo que está por decir no es enteramente cierto y por lo tanto sus expresiones y lenguaje corporal lo delatan.

Alguien que sabe que miente se preocupa por las consecuencias, por ser descubierto y por la repercusión de sus actos. A menos que realmente crea que no está mintiendo, o peor, que las repercusiones no importen.

Ese es un rasgo del trastorno narcisista y de la sociopatía.

Andrés es un mentiroso, en seguimiento estadístico de su “Mañanera” se ha demostrado que tiene un promedio de 80 afirmaciones falsas diarias y que la suma de estas desde que empezó el sexenio llega a más de 40,000.

Pero Andrés no es un mitómano cualquiera, es un mitómano con poder.

Él se entrenó a sí mismo para despreocuparse por las repercusiones desde hace varias décadas.

Su ambición, y en ese entonces su idealismo, le hicieron creer que el fin que él persigue amerita el uso de cualquier medio y las mentiras son sólo una herramienta más de su repertorio.

Usó su templete como arma para señalar a sus opositores y exagerar su manera de ver las cosas, pero desde que inició su gobierno se ha empeñado en culpar a otros por el estado actual de las cosas y a quien se deje por su demostrable falta de resultados. 

Por ejemplo, ya desde principios de la pandemia el mensaje más preciso por parte del gobierno federal era “No compartas información que no sea de la Secretaría de Salud”.

López está en un mal momento para ser un populista propagandista, las redes sociales que alguna vez le allanaron el camino al compartir su versión trastocada de los hechos hoy le dan dolores de cabeza y los periodistas que no ha podido comprar o intimidar también, es por ello que decide utilizar todo el peso del Estado al crear un departamento que le ayude a desacreditar comunicadores y la gente que no se presta a distribuir su particular sabor de atole.

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Hasta la justificación de un “derecho de réplica” está manipulada para que sus seguidores y bots lo defiendan, un gobierno tiene control de los hechos y el gasto en comunicación social es cada vez mayor, sólo que como siempre está mucho más acostumbrado a pelear en el terreno de los dimes y diretes que realmente buscar la manera de dar resultados.

La otra justificación que utilizan es también preocupante. La mayor parte de sus actos utiliza el pasado para justificar su mal actuar presente, sus seguidores dicen que se le atacó por décadas y ello ha permeado la opinión pública, pero como siempre este comentario sesgado habla sobre el mal actuar de sus antagonistas e ignora sus acciones actuales.

¿Por qué gasta tanto esfuerzo y dinero en algo que debería ser secundario?

Porque 18 años en campaña le hacen creer que su imagen es la base de todo, el culto a la personalidad que profesa y la necesidad de mantener una forma sobre un fondo.

No señor Presidente, su imagen puede llegar a través de los resultados, pero los resultados nunca llegarán a partir de una imagen.

Y debemos seguir exigiendo.

#OPINAenDICES