Verónica Ayala

Históricamente, el abstencionismo en las elecciones intermedias ha sido mayor al de las presidenciales pues, desde 1997, la participación ciudadana no ha rebasado el 50 por ciento en estos comicios. 

En la década de los 90´s se registraron los menores índices de abstencionismo tanto en la elección presidencial de 1994, la más concurrida con el 77 por ciento, como en las intermedias de 1991 y de 1997, donde la participación superó el 57 por ciento. 

Tras la elección de Presidente en el 2000, donde más de una tercera parte del electorado decidió no votar, en la intermedia del 2003 se registró el mayor porcentaje de abstencionismo, del 58.68 por ciento.

La misma tendencia se repitió en los comicios del 2006, donde participó el 58 por ciento, y en el 2009, cuando de nuevo al abstencionismo superó el 55 por ciento. 

Para la elección presidencial del 2012 creció la participación, rebasando otra vez el 60 por ciento, pero en la siguiente intermedia del 2015 el abstencionismo volvió a ganar: 52 por ciento no fueron a votar. 

En la última elección del 2018, donde se eligió también Presidente, el abstencionismo alcanzó de nuevo el 36 por ciento.

Y este 6 de junio el reto es lograr que al menos la mitad de los electores salgan a votar. 

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