Tomás de la Rosa

La política económica de Andrés Manuel López Obrador que ahuyenta la inversión por la incertidumbre, lo convierte ya en el presidente de la República con el peor resultado.

En los primeros 33 meses de su mandato, en 26 la inversión (física bruta, IFB) disminuyó. Es el peor resultado de los últimos sexenios. 

En Inversión Extranjera Directa Nueva, López Obrador también tuvo el resultado más deficiente.

Los resultados anteriores son reflejo de lo que empresas mexicanas y extranjeras, incluso el propio Departamento de Estado de la Unión Americana han alertado sobre la conducción del país en manos de López Obrador.

Con el gobierno actual, los empresarios han soportado lenguaje beligerante, amenazas de litigios, cancelación de proyectos de inversión con consultas populares y cambio repentinos en la normatividad, con amenazas de retroactividad violando el Artículo 14 de la Constitución.

Por ejemplo, el Departamento de Estado de la Unión Americana alertó de algunos riesgos de invertir en México: “Los inversionistas están cada vez más preocupados porque el gobierno (mexicano) está debilitando la confianza en las ‘reglas del juego’, particularmente en el sector energético”.

Esa alerta viene desde 2019, el primer año del gobierno de López Obrador.  En los hechos, el caso más reciente es el de General Motors, el mayor productor de vehículos en el país, que hace un par de semanas indicó que ante la carencia de un marco jurídico para la generación de electricidad limpia, la armadora podría dejar de invertir en el país.

“Si no existen las condiciones, México ya no va a ser un destino para la inversión», dijo Francisco Garza, presidente y director general de General Motors México, en un foro organizado por Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF).

Las palabras de Garza se hicieron a casi dos meses de que el gobierno de López Obrador envió al Congreso una propuesta para modificar la Constitución mexicana para beneficiar a la atribulada Comisión Federal de Electricidad (CFE) en detrimento de empresas privadas nacionales, como extranjeras.

General Motors (GM), que en México emplea a más de 21 mil personas en sus plantas de Toluca, Silao, Ramos Arizpe, San Luis Potosí y en sus oficinas corporativas en la Ciudad de México, produce el 20% de todos los vehículos ensamblados por las 12 armadoras en el país.

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En abril pasado, la empresa inició la expansión de su planta en Ramos Arizpe con más de mil millones de dólares de inversión, con lo cual esa unidad es ya el quinto sitio de manufactura de GM Norteamérica para producir vehículos eléctricos, uniéndose a Spring Hill, Tennessee; Factory Zero, en Detroit-HamTramck, Michigan; Orion, también en Michigan; y CAMI, en Ontario, Canadá.

Las palabras del director general de General Motors México refieren a que detendrá o pausará la inversión en el país, y no abandonará sus instalaciones en el país, como lo han señalado algunos medios de comunicación.

Esa incertidumbre, como la de GM, se refleja en las estadísticas del Inegi y del Banco de México.  En los últimos cinco sexenios presidenciales en México, la inversión (fija bruta, IFB) tiene su peor desempeño con López Obrador.

Datos de Inegi muestran que en los primeros 33 meses del sexenio de López Obrador, 26 veces se contrajo la inversión. Es decir, sólo cinco veces aumentó. En contraste, el mejor desempeño fue con Felipe Calderón, con 23 meses en crecimiento.

Los datos del Banco de México también confirman la incertidumbre de los inversionistas extranjeros. En los últimos cuatro sexenios, la Inversión Extranjera Directa Nueva más cuantiosa fue en el sexenio de Vicente Fox 42,886 millones de dólares en los primeros 11 trimestres de su periodo gubernamental.

En contraste, el peor resultado es con López Obrador que en el mismo periodo recibió 29,423 millones. Es decir, el gobierno neoliberal captó 46% más que el de la Cuarta Transformación.

Por otra parte, 39 economistas nacionales y extranjeros consultados por Banxico señalan que la gobernanza es el principal factor que podría obstaculizar el crecimiento de la actividad económica en México. Al interior de ese factor están: inseguridad pública, incertidumbre política interna, falta de estado de derecho, corrupción e impunidad.

La menor inversión se traduce en menos empleos formales, menos impuestos, menor crecimiento y desarrollo económico.

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