Por Ismael García

El gobierno quiere cambiar la ley para que los mexicanos consuman primero la energía eléctrica que genera la CFE, para la cual usan carbón, combustóleo y diésel, y al último (si alcanzan) la renovable a cargo de la IP. La gente terminaría pagando watts caros y sucios.

En eso consiste la reforma a la Ley de Industria Eléctrica, una iniciativa en carácter Preferente que envió el Presidente al Congreso de la Unión.

Actualmente adelante de la fila está la generación de energía renovable, como la solar y la eólica que generan empresas privadas y que es sumamente barata, porque no cuesta aprovechar el sol o el viento.

Pero el gobierno prefiere que la CFE tenga todo el monopolio, y con ello distribuir por delante la energía de sus plantas que usan carbón, combustóleo o diésel y dejan para el final, o sea en el punto más delgado de la pirámide, los procesos menos contaminantes

Este cambio representa un impacto financiero que alguien tendrá que cubrir. Se calcula que la luz será 17% más cara. ¿Quién pagará ese aumento?

No hay de otra, o lo cargan al recibo del consumidor o lo subsidia el gobierno; es decir, usa los impuestos, que es dinero de todos los mexicanos.

Al final todos los mexicanos terminarían pagando los watts caros y sucios y son los diputados decidirán si pasa o no esta reforma.