Por Yared de la Rosa

En las tragedias, las emergencias climáticas, el dolor ante la violencia o por la enfermedad, ha estado la ausencia del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

El mandatario no acompaña a los afectados, sólo envía mensajes y condolencias desde Palacio Nacional o redes sociales. Todo lo hace a distancia.

A Tabasco fue tres días después de la inundación por la Presa la Peñitas: hizo recorrido aéreo, una reunión de gabinete y voló de regreso.

Hace un mes, el huracán Delta afectó a más de 300 mil familias de Campeche, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán. El mandatario salió, pero sólo a supervisar los avances del Tren Maya, una de sus principales obras.

El mismo desdén han recibido; por ejemplo, los padres de niños con cáncer, quienes demandan medicamentos desde hace meses, pero López Obrador únicamente envía promesas de solución desde Palacio Nacional.

O para los casi 100 mil fallecidos por COVID, a quienes sólo decretó minutos de silencio y días de luto. 

Ante las víctimas de violencia y masacres, manda condolencias desde sus conferencias matutinas, como lo hizo con la familia LeBaron.

Tampoco se ha reunido con organizaciones que exigen seguridad y justicia para mujeres asesinadas.

Atención distinta reciben casos ocurridos en sexenios anteriores y que se han politizado, como la desaparición de los 43 de Ayotzinapa y la muerte de los mineros de Pasta de Concho.

Las tragedias de su administración tienen otro trato.

#TUQUEDICES?