Ismael García

Los programas sociales del Presidente resultaron ser un barril de irregularidades en las que se fugan millones de pesos sin que ninguna autoridad castigue a los responsables.

Una investigación de la revista Proceso revela que en el actual gobierno miles de funcionarios han sido denunciados por corrupción en el reparto de la ayuda social y no pasa nada.

Se trata de 4,583 denuncias que involucran a personal de la Secretaría del Bienestar, a los llamados Súperdelegados y a los Siervos de la Nación.

Las transas ya han ocasionado un tremendo boquete a las finanzas del país por al x|menos 900 millones de pesos debido a fallas en los programas, actos ilegales y a que no hay padrón único de beneficiarios.

Proceso documentó que en algunas regiones del país, como en Colima, donde Morena ganó las elecciones, hay más beneficiarios que población.

Por ejemplo, en la localidad de Cuauhtémoc hay 2,779 habitantes, según el INEGI, y el gobierno registró ahí a 6,420 beneficiarios de ayuda social.

Y en Minatitlán, con 668 habitantes, tienen un censo de 1,463 beneficiarios.
Se estima que por este “desface” la transa representa 67.8 millones de pesos.

Lo mismo ocurre en Santa María Chilchota, Oaxaca, con 21,469 habitantes pero 140 mil beneficiarios.
Y en Gazapares, Chihuahua, donde viven 8,169 personas pero presuntamente se reparte ayuda a 62,085.

A pesar de estas transas monumentales, las cabezas del gobierno se fueron sin ninguna denuncia en contra. La secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, dejó el cargo el pasado 21 de junio, y Gabriel García, exdirector de los Siervos de la Nación, fue retirado el 24 de junio.

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Este ejército electoral de la 4T disfrazados de funcionarios para distribuir la ayuda social, ya tienen cuentas pendientes por aclarar por 561 millones de pesos.

Y mientras los programas se manejan al antojo de Palacio Nacional y el dinero se escurre, este gobierno ha dejado al país más pobres.

De acuerdo con Coneval, entre 2018 y 2020 hay 3.8 millones pobres más y 2.1 millones más en pobreza extrema.

Los programas del Bienestar se presumen como estrategia social, pero entre corrupción y anomalías los resultados son cuestionables.

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